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jueves, 1 de octubre de 2009

¿Implosión de la socialdemocracia europea?















Dos caminos que se separan: a la izquierda, Angela Merkel; a la derecha, Franz-Walter Steinmeier. A día de hoy, el ya ex candidado socialista a la cancillería es señalado como el responsable del reciente desastre electoral del SPD


El reportaje que sigue a continuación tiene el inconveniente de haber sido publicado por un diario conservador que, lógicamente, arrima el ascua a su sardina. Pero en cambio cuenta con la firma de algunos buenos corresponsales (Rafael Poch destaca desde hace ya años) y, por otra parte, no hace sino repetir un argumento que lleva meses en los medios de comunicación de las más variadas tendencias políticas.

Por supuesto, la crisis de 2008 no es la explicación a un proceso de aparente decadencia que no es coyuntural, que viene de antes de esa fecha. Ahora bien: lo interesante aquí es plantearse por qué la socialdemocracia no ha logrado sacar rentabilidad política a la crisis. Como argumento social de fondo tenemos aquel que ya se ha repetido en este mismo blog y en El desequilibrio como orden: amplios sectores de la población europea que no desisten del proyecto -o "promesa"- de integrarse en una suerte de "clase media universal" promovida por la globalización de signo neoliberal).

A partir de ese, se abre otro, también interesante: ante el crash del 2008, parece quedar claro que la actitud de la derecha neoliberal renunciando temporalmente al clásico "laissez faire" y recurriendo al intervencionismo, ha funcionado electoralmente. ¿Traición al propio ideario? Esa manera de ver las cosas, que para la izquierda tiene su valor, ha quedado rebautizado como "pragmatismo eficaz" por la derecha neoliberal sin que a los votantes parezca haberles importado mucho. El "todo vale" ha sido llevado a sus últimas consecuencias, como ideario político de la nueva derecha, sin sonrojo, y ha colado. Habrá que ver cómo discurre la crisis en el futuro, cuál será la reacción de los europeos y cuál la eficacia real de la política económica de la derecha neoliberal. Pero lo que ya sabemos, porque forma parte del pasado, es que lo ocurrido ha sido una reacción generalizada a un fenómeno de alcance global, y por lo tanto, señala un viraje histórico.















Henry Paulson: el Secretario del Tesoro de los Estados Unidos elaboró el primer plan de rescate financiero tras el crash de 2008. Ya el 19 de septiembre comenzó a pedir millones de dólares al gobierno para sanear las pérdidas que amenazaban la liquidez de las principales firmas financieras del país. Ese año, la revista "Time" dijo de él: "If there is a face to this financial debacle, it is now his". En realidad, abrió un camino que la derecha neoliberal seguiría en meses sucesivos



"La Vanguardia", 30/09/2009

La mayoría de los europeos busca en la derecha la salida de la crisis

El batacazo electoral de SPD es el resultado de la agenda neoliberal adoptada en el 2003- La izquierda en Italia paga por su heterogeneidad y el caos del último gobierno de Prodi

R. Poch/Lluís Uría/Eusebio Val/B. Navarro

Berlín/París/Roma/Bruselas/Barcelona

La socialdemocracia europea no le encuentra el truco al siglo XXI, y esta incapacidad le resta apoyo social en las más sólidas democracias industriales. En Alemania, Francia y el Reino Unido la derecha ha ocupado el centro vital que hizo fuertes a Schröder, Jospin (brevemente) y Blair (durante casi tres mandatos). La economía social de mercado se ha convertido en pieza importante de los gobiernos de Merkel y Sarkozy, y, según todos los pronósticos, pronto puede serlo también del de Cameron.

La socialdemocracia italiana, sin ideas ni rumbo, se ha rendido al populismo de Berlusconi. Los países de la nueva Europa, que la abrazaron en los años noventa, confían ahora más en la derecha liberal para progresar. La socialdemocracia escandinava sólo resiste en la rica Noruega, que tiene petróleo y sentido de la justicia social. España y Portugal, condicionados por sus largas dictaduras, mantienen sus gobiernos socialistas, aunque sin el entusiasmo de antaño. La clásica ideología socialista se diluye en el pragmatismo y el idealismo de la nueva era.

ALEMANIA
La unificación y Los Verdes matizan el panorama


Ya quisiéramos unos cuantos Steinmeier. Con media docena como él, la calidad de cualquier partido político español, de izquierda, derecha o nacionalista periférico, subiría hasta niveles desconocidos. Trabajador, honrado, serio, competente, "un gusto trabajar bajo su dirección", dicen en el Ministerio de Exteriores. Todas las cualidades del líder socialdemócrata alemán, el campechano Franz-Walter Steinmeier, no alteran la simple realidad. Él ha llevado al SPD al desastre, en lo personal y en lo político.

No es sólo un problema de falta de carisma. De lo que se trata es de que, a efectos electorales, a Steinmeier se le recuerda, no como ministro o vicecanciller, sino como el cocinero de los recortes sociales del 2003. Eso significa que la salida al desastre que el SPD cosechó el domingo no tendrá lugar con él. Steinmeier fue elegido ayer jefe del grupo parlamentario del SPD.

Con él y su compañero Franz Müntefering el SPD se ha derrumbado. Un retroceso electoral del 11%, sin precedentes en la historia de posguerra, y la pérdida de más de la mitad de sus votantes. Es revelador adentrarse en lo que esos datos contienen.

En 1998 el partido recibió 20 millones de votos, el domingo menos de 10 millones. Más de dos millones de votantes tradicionales del SPD se quedaron en casa y centenares de miles votaron a otras opciones. Los principales beneficiarios fueron Los Verdes y La Izquierda, que podrían considerarse fuerzas emparentadas, pero también los democristianos y los liberales del FDP se alimentaron de su debacle: más de medio millón de antiguos votantes socialdemócratas fueron al FDP.

La sangría fue fuerte en los antiguos bastiones industriales del SPD, como la cuenca del Ruhr, lugares asociados a los albores de la industrialización y del movimiento obrero. En Bochum el partido ha perdido una tercera parte de sus votantes, en Dortmund la caída fue de quince puntos, en Duisburgo se le han ido casi el 40% de los electores. La abstención hizo estragos. En un distrito de Duisburgo en el que uno de cada tres habitantes depende del subsidio social, la participación electoral fue del 44%, frente a la media nacional del 70%.

Los electores dieron la espalda al SPD en calidad de autor del mayor recorte de subsidios sociales y del aumento de la edad de jubilación a los 67 años, un sueño de la derecha que el SPD realizó en el 2003. Incluso después de perder las elecciones, Steinmeier ha seguido defendiendo aquel recorte, llamado Agenda 2010. La gran paradoja es que su pecado será probablemente superado por los recortes sociales que la crisis anuncia.

En toda Europa occidental, Alemania incluida, la izquierda está en crisis desde hace 30 años, en parte por haber asumido tareas de la derecha. Lo específico de la situación de Alemania es la magnitud del trompazo sufrido por el SPD y la aparición de una fuerza política ascendente a su izquierda, La Izquierda, que tiene que ver con la unificación alemana y se suma a Los Verdes. La gran pregunta ahora es cómo afectará la peor crisis económica de los últimos 60 años a esta anomalía continental.

FRANCIA
El PS, hostigado por Los Verdes, busca un nuevo modelo

Rambouillet, 57 kilómetros al sudoeste de París, décima circunscripción del departamento de Yvelines. Una elección legislativa parcial, celebrada en segunda vuelta el pasado domingo, se salda con una victoria por los pelos –sólo cinco votos de diferencia– del candidato de la conservadora UMP, Jean-Frédéric Poisson, sobre su rival... la ecologista Anny Poursinoff. Un auténtico seísmo en este feudo de la derecha. Pero una réplica, solamente, del terremoto de la primera vuelta, cuando Los Verdes lograron dar la campanada al colarse en el segundo puesto batiendo sin piedad al Partido Socialista (PS) por ocho puntos: 20,1% a 12,4%.

Rambouillet ha disparado los sismógrafos en los dos grandes partidos. Pero principalmente en el estado mayor de la calle Solférino. El signo es altamemte preocupante para la dirección del PS francés, un partido dividido y desorientado que no sabe qué camino seguir –hacia el centro o hacia la izquierda– y que desde la derrota de la elección presidencial del 2007 busca, hasta ahora sin demasiado éxito, volver a conectar con las esperanzas y las aspiraciones de los franceses. El resultado de Rambouillet, lejos de constituir una rareza, viene a confirmar la tendencia ya detectada en las elecciones europeas del pasado mes de junio: los ecologistas, con un apoyo electoral nunca visto del 16,3%, lograron empatar virtualmente con los socialistas, que con el 16,5% vieron su posición de segunda fuerza seriamente amenazada. En París y su región fueron incluso sobrepasados por la ola verde.

El carisma de Daniel Cohn-Bendit, al frente de una amplia coalición ecologista, fue esencial en aquel triunfo. Pero la popularidad creciente de la secretaria nacional de Los Verdes, Cécile Duflot, y el resultado de Rambouillet muestran que hay una corriente de fondo que va más allá de la fuerza mediática del histórico líder de Mayo del 68.

Hostigado por los verdes, determinados a presentar batalla en las elecciones regionales del próximo mes de marzo, el PS busca desesperadamente salir del hoyo. La nueva secretaria general, Martine Aubry –que se hizo con el control del partido hace un año por un puñado de votos frente a Ségolène Royal, en medio de denuncias de fraude–, está obligada a actuar con celeridad si quiere evitar dentro de unos meses un nuevo batacazo electoral, lo que pondría seriamente en peligro su posición. La mitad del PS votó hace un año por su rival y, aunque Royal parece cada vez más ausente, sus seguidores parecen poco conmovidos por el discurso izquierdista de la dirección. Los barones que se unieron hace un año a Aubry –como el alcalde de París, Bertrand Delanoë– lo hicieron por razones tácticas y pueden dejarla caer cuando vean llegado el momento.

En busca de un nuevo modelo, la dirección del PS va a someter mañana a los militantes una docena de propuestas para regenerar y renovar el partido, entre ellas, la instauración de elecciones primarias abiertas para designar al candidato socialista al Elíseo. Puede ser la oportunidad, para los socialistas, de empezar a levantar cabeza. Y para Aubry, de consolidar su liderazgo interno... a condición de que los planes de la dirección sean avalados por una amplia participación. Algo que no está ni mucho menos garantizado en esto momentos, tal es la lasitud que embarga a la militancia.


ITALIA
La angustia del PD por sentirse débil ante Berlusconi

El severo castigo electoral a los socialdemócratas alemanes es objeto de numerosas y angustiadas reflexiones en Italia, sobre todo por parte de una izquierda que intenta salir de su propia crisis y prepararse para el día después de la era berlusconiana, un horizonte que, muy a su pesar, no parece a la vuelta de la esquina.

El revolcón del SPD no podía haber llegado en peor momento psicológico para el Partido Demócrata (PD), la nueva y heterogénea fuerza con vocación de aglutinar al centroizquierda italiano. Dentro de pocos días, el 11 de octubre, el PD celebrará su congreso, y el día 25 habrá las primarias para elegir a su nuevo líder. Quizá por las rachas de viento germánico, el guirigay interno en el PD se reactivó ayer. Hubo gran tensión entre los dos principales candidatos a guiarlo, Dario Franceschini y Pierluigi Bersani.

En la Italia de hoy se suele admitir como axioma político que la hegemonía de Berlusconi, pese a sus escándalos, es consecuencia, en buena parte, de la falta de una alternativa fuerte y coherente, programática y de liderazgo, al descrédito de una izquierda que dejó muy mal sabor de boca tras el caótico último gobierno de Romano Prodi (2006- 2008).

El ex primer ministro Massimo D'Alema escribió un artículo ayer en La Stampa en el que admitía que "la crisis actual marca un profundo cambio de época". "No se trata solamente de una crisis financiera, económica y ya gravemente social; se trata de una crisis política y cultural. Se cierra un ciclo caracterizado por una globalización sin reglas, por el dominio de la ideología ultraliberal. Desaparece la ilusión dogmática de la infalibilidad del mercado". D'Alema reconocía la "paradoja" de que vuelvan al centro del debate " ideas fundamentales que son propias de la tradición socialista" y, sin embargo, "frente a este gran viraje parece que es precisamente el socialismo en Europa el que se enfrenta a mayores problemas". Su diagnóstico es que el socialismo europeo "no ha conseguido, frente a la globalización, ir más allá del horizonte del reformismo nacional". La receta: "Un nuevo paradigma, una fuerza progresista europea que tenga el valor de ponerse de nuevo en juego, que abra las velas para aprovechar el viento del cambio internacional, pasando página respecto de las timideces y el carácter discreto de los últimos años".

D'Alema, ex líder del Partido Comunista Italiano (PCI), personifica precisamente uno de los problemas de la izquierda italiana, su heterogeneidad y su complicado pasado. Durante 40 años el PCI fue el mayor partido comunista occidental y principal referente de la izquierda en Italia. No fue fácil la adaptación tras la caída del muro de Berlín y tras el terremoto de la tangentopoli, la maraña de corrupción destapada en los años noventa del siglo pasado que barrió el sistema vigente desde la Segunda Guerra Mundial, llevándose por delante a partidos enteros, como el socialista de Bettino Craxi. De aquel vacío surgió el populismo de Berlusconi, quien, al comentar el resultado alemán, no ha dudado en considerar el triunfo de Angela Merkel como el suyo propio.

UNIÓN EUROPEA
Iberia y Grecia, últimos reductos de la izquierda europea


Las 27 plazas del Consejo Europeo están ocupadas por la derecha. ¿Todas? ¡No! Hispania, Portus Cale, Britania, la isla de Cyprus y un par de enclaves centroeuropeos resisten todavía... ¿Irreductibles?

De unos años a esta parte las cumbres europeas están dominadas por gobiernos conservadores, con sólo media docena de sillas ocupadas por representantes de la izquierda. Con la izquierda ausente de Francia y Alemania, su influencia como grupo ideológico es escasa. Sus líderes reservan sus arengas para las reuniones de partido con la familia europea, un foro frecuentado sobre todo por miembros de la oposición.

José Luis Rodríguez Zapatero es el único líder de peso y ganador además de dos elecciones, algo de lo que no puede presumir el británico Gordon Brown. Con elecciones a al vista, la permanencia de Brown o el Labour en el poder está muy en el aire. Mientras, el desgastado líder de los socialistas portugueses, José Sócrates, resistió la embestida conservadora este domingo, pero dependerá de la derecha para mantener en pie su segundo gobierno.

Más a la izquierda está el presidente chipriota, Dimitris Christofias, el único comunista que se sienta en las cumbres europeas. De todos los dirigentes de Europa Central y del Este, sólo el esloveno Borut Pahor y el eslovaco Robert Fico representan a la socialdemocracia. Los refuerzos podrían llegar de Grecia, que este domingo celebra elecciones anticipadas y la derecha podría dejar paso al Movimiento Socialista Panhelénico (Pasok) de Giorgos Papandreu.

domingo, 16 de agosto de 2009

Polémicos: "low cost"



















El gran símbolo internacional del fenómeno "low cost" es, ante todo, la cadena Wal Mart. En torno a ese emporio se viene desarrollando desde hace tiempo una amplia polémica sobre las condiciones de trabajo de sus empleados y hasta se ha tomado como modelo de estudio sobre los efectos sociales del "low cost" y la sociedad que ha terminado por alumbrar. En tal sentido, cabe considerar que no existe una economía del bajo coste "europea" y otra "americana": se tata de un fenómeno de esencia neoliberal extendido por todo el planeta a través de la globalización en su modelo predominante hasta 2008.






En este blog no sólo se pretende evaluar las críticas y reseñas en torno a El desequilibrio como orden, sino también buscar una continuidad polémica y documental sobre algunos asuntos tratados en el libro. Para ello, de vez en cuando, se rescatarán artículos de la prensa en red, se reseñará o dará noticia de libros aparecidos con posterioridad a la publicación de la obra (y de interés para la misma) y e incluso se apuntarán nuevas pistas o asuntos potencialmente interesantes para enmendar o añadir a El desequilibrio como orden.

Hoy se ha escogido un reportaje publicado en "El País" hace pocos días sobre el fenómeno "low cost". Llama la atención porque apunta a su cuestionamiento, una reacción nueva en ese períódico, que siempre ha tendido a reivindicar esa tendencia. Por supuesto, el asunto no se lleva más allá de las consideraciones técnicas que rodean al asunto como fenómeno económico. Si hay un eco de alcance social, se reduce a las opiniones de los sindicatos. En realidad, la pieza forma parte de una táctica habitual en "El País", como diario que presume de ser lo más "cool" en la prensa española: proyecta la imagen de cubrirse las espaldas ante lo que pueda venir, cuando, de hecho, en este caso, hace algún tiempo que el fenómeno "low cost" está siendo cuestionado y hasta denunciado, y es posible que vaya camino de su cancelación. Recuérdese que las "subprime", origen de la crisis actual, eran una manifestación más del fenómeno "low cost" (véase: El desequilibrio como orden, pags. 487-491)

También resultan de interés los comentarios de los lectores, que parecen más sensatos y enriquecedores de lo habitual, sin las salidas de tono, exabruptos, opiniones lunáticas y simples bobadas de estas secciones. Quizá ello es así por las pretensiones técnicas del reportaje.



REPORTAJE

El fenómeno 'low cost' no nos saldrá gratis

La explosión de productos y servicios de bajo coste ha democratizadoel consumo, pero tiene un precio - Los sindicatos alertan de que fomenta la precariedad y, en algunos casos, merma la innovación

"El País", Amanda Mars, 15 de agosto, 2009

Para que uno pueda comprar un billete de Madrid a Londres por 20 euros más las tasas y suplementos -a veces cero euros, incluso-; para que otro pueda colocar en su nevera un paquete de yogures de las llamadas marcas blancas entre un 18% y un 42% más baratos que otros casi idénticos, o para que pueda amueblar una casa prácticamente entera por poco más de 1.000 euros, las empresas que los venden han tenido que especializarse en cirugía fina con los costes.

Descartados el milagro y la magia como herramientas de control del gasto, ¿qué hacen las compañías para conseguir ofrecer esos precios sin arruinarse? ¿A costa de qué es posible este fenómeno, una explosión de productos y servicios a precios de derribo que han democratizado el consumo? En un momento en que no se deja de manosear la llamada "economía de valor añadido", ¿entra en contradicción el reinado del bajo coste?

"En cierto modo podría haber una contradicción con el discurso que defiende el valor añadido, porque es difícil encontrar tecnología nueva en este tipo de productos, pero no creo que conduzca a la baja calidad. Es imposible en servicios regulados, como la seguridad de las líneas aéreas, que es obligatoria, o algunos productos de alimentación: la leche pasteurizada, tendrá que ser pasteurizada", razona José García Montalvo, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Pompeu Fabra (UPF).

Los críticos del modelo ponen sobre la mesa la precariedad laboral y la merma a la innovación como consecuencia del reinado de este tipo de empresas frente a las compañías tradicionales. Pero las compañías de bajo coste y algunos expertos defienden la eficiencia de sus sistemas de trabajo, sus buenos acuerdos con los proveedores, y el sobreprecio que sus competidores hasta ahora cobraban a sus clientes.

En España el concepto low cost, (bajo coste, en inglés), lo importaron las compañías de vuelos baratos. Para los consumidores son una fiesta -casi el 40% de los pasajeros en España utilizan este tipo de aerolíneas-, pero muchos de sus trabajadores echan chispas. Manuel Sánchez Rollón, secretario de Acción Sindical del Sector Aéreo de Comisiones Obreras, asegura que las "diferencias salariales son abismales" entre las aerolíneas low cost y el resto, sobre todo en su personal de tierra (handling) subcontratado o no. Ahora, los sindicatos se las están viendo con Easyjet, con la que llevan dos años para mejorar las condiciones del convenio colectivo de sus empleados. "Estas son las diferencias: un operario de Easyjet con dos años de antigüedad cobra 15.400 euros anuales, uno de Flightcare 16.166 y otro de Acciona 17.138", apunta. Los sindicatos han convocado huelgas los próximos tres sábados de agosto, a partir de hoy.

Easyjet, la aludida, defiende que su modelo de negocio no se cimienta en las condiciones de sus empleados, sino en las facilidades de Internet y en su tipo de trayectos cortos, con lo que toda su tripulación (pilotos, azafatas...) y sus aviones duermen en su casa, y se ahorran un dineral en dietas, jornada laboral y gastos de alojamiento.

La cuestión es si es suficiente para poder ofrecer miles de plazas de avión a cero euros (aunque luego haya múltiples recargos), como hace Ryanair.

No hay un solo euro de ahorro en seguridad, cuyas exigencias son iguales para todas las aerolíneas. La aerolínea irlandesa, líder en el reino del bajo coste, también descubrió que se ahorraba cientos de miles de euros al eliminar algo tan accesorio como el reposacabeza de velcro y optar por tapicería de cuero para los asientos, más fáciles de limpiar, pero las condiciones laborales de su personal también despiertan recelos.

"Tenemos la flota de aviones más nueva de Europa y los sueldos de nuestros trabajadores cobran por encima de la media, pero pueden ir a dormir a sus casas", explica la compañía, que siempre defiende también su puntualidad.

La aerolínea vuela además a aeropuertos secundarios y cuenta apoyo de las Administraciones, bajo la forma de acuerdos de marketing. El Gobierno catalán, por ejemplo, ha garantizado más de 14 millones en ayudas para el periodo 2009-2011. "Son subvenciones escondidas en contratos de publicidad; no están jugando en igualdad de condiciones", se queja Eduardo Gavilán, de la junta del Colegio Oficial de Pilotos de Aviación Comercial (COAP). Esta entidad también ha pedido al Ministerio de Trabajo y a la Agencia Tributaria que investigue la situación fiscal de varias low cost extranjeras, con bases fijas en España, a las que acusan de no pagar las cuotas a la Seguridad Social en España, lo que supone "un importante ahorro de costes que va en detrimento" de las compañías españolas que sí cumplen con las obligaciones fiscales.

La calidad del servicio también ha despertado inquietud en las organizaciones de consumidores. Rubén Sánchez, de Facua, apunta que "los abusos a los consumidores se producen en todo tipo de aerolíneas, aunque algunas compañías como Ryanair son ejemplo de cómo hacer las cosas mal. Y las autoridades lo permiten con su dejación".

La lucha por mantener la calidad, en pleno recorte de gastos, es una preocupación generalizada en todos los sectores. "El periodismo de calidad no es barato y una industria que regala su producto está canibalizando su capacidad para hacer buen periodismo", dijo hace unos días Rupert Murdoch, propietario del mayor grupo de medios de comunicación del mundo, News Corporation, para explicar por qué cobrará por el acceso a la versión digital de sus periódicos a partir de 2010.

Y es que la cultura de lo barato, incluso de lo gratis, ha puesto en apuros a múltiples sectores. En alimentación, el equivalente a los vuelos baratos son las marcas de los distribuidores -las marcas blancas, porque originariamente eran así-. Este sector, que ya supone el 30% de las ventas de los súper, también plantea sombras. Las compañías de primeras marcas tradicionales han lanzado una campaña para defender su valor añadido y sus esfuerzos en investigación.

Hasta Bruselas se ha visto obligada a actuar en la polémica. Un grupo de trabajo de alto nivel de la Comisión Europa ha recomendado realizar un estudio sobre "el efecto de las marcas de distribución en la competitividad de la industria agroalimentaria, en particular en las pequeñas y medianas empresas, y examinar las maneras de reducir, si es necesario, los desequilibrios de poder en la cadena de suministro".

Un documento de este grupo de trabajo resalta, de hecho, que los distribuidores se han convertido en competidores de la industria alimentaria, con grandes ventajas, lo que plantea "serias cuestiones de competencia".

"La ausencia del nombre del productor en el envase lleva a efectos negativos para el consumidor y la industria" y supone "falta de transparencia". Además, "tal y como le preocupa a la industria, hay un impacto para las medianas empresas que trabajan para los distribuidores y en el beneficio que resulta de la innovación", ya que "las marcas blancas pueden reducir drásticamente su poder de mercado y la posibilidad de recuperar el coste de sus inversiones en el desarrollo de productos y seguridad. Aunque también puede suponer una oportunidad para hacer crecer sus negocios".

Según un informe elaborado por profesores de la Universidad Complutense, recogido por Mercasa, los productos de marca del distribuidor permiten ahorrar entre un 18% y un 42%. Un informe de Comisiones Obreras apunta que las diferencias salariales tienen algo que ver. "Las empresas con marcas propias generan mejores condiciones sociales y económicas (de media entre un 30% y un 40%, pudiendo llegar al 71%) que las marcas de distribución o blancas", apunta Jesús Villar, secretario general de la Federación Agroalimentaria de CC OO.

"No estamos en contra de las marcas blancas, sino de sus efectos en la industria. Intuíamos que íbamos a encontrar diferencias en las condiciones laborales, pero nos ha sorprendido lo negativo de los datos", añade Villar, cuyo equipo ha comparado los convenios colectivos en seis subsectores de la alimentación.

El representante sindical opina que esta tendencia conduce a la deslocalización de la producción y reclama que éstos lleven consigo toda la información de dónde han sido producidos y envasados, una información que en el sector se llama trazabilidad.

Mercadona, la compañía con más experiencia y más éxito en la "marca de distribuidor" (para ellos, "marcas recomendadas": Hacendado, Bosque Verde, Deliplus y Compy) se distancia de muchas de esas críticas. Sus productos sí llevan la identidad del productor y aseguran que su modelo pasa por la "máxima calidad". "Se ahorra en muchas otras cosas, como eliminar todos aquellos elementos que no añaden valor al producto pero que sí lo encarecen, como los embalajes excesivos. Por ejemplo, hemos quitado la caja de cartón del gel dentífrico infantil, que no añadía ningún valor pero encarecía en cinco céntimos el producto", explica un portavoz de cadena valenciana de supermercados.

La compañía también cuestiona que exista una brecha salarial entre los empleados de unas compañías y otras, dado que un gran número de marcas populares fabrican también para marcas de distribución. ¿Tienen la misma calidad uno y otro producto?

Es difícil generalizar una respuesta aquí. "Una mermelada puede tener más fruta que otra, por ejemplo, pero en general, si la calidad que ofrece un producto o servicio de bajo coste es buena, funciona, y si no lo es, fracasa. Por eso, no todas las aerolíneas de vuelos baratos, por ejemplo, han triunfado", apunta Pedro Arizmendi, socio consultor de Ernst & Young.

Tampoco cree que el bajo coste conduzca necesariamente a una mayor precariedad laboral, lacra que puede encontrarse en grandes multinacionales, de marcas prestigiosas. De hecho, la irrupción del bajo coste ha llevado a muchas otras empresas, que quizá estaban cobrando un sobreprecio, a rediseñar sus estrategias. La reducción de los costes, además, es una obsesión para la mayor parte de las compañías, sobre todo en estos tiempos de crisis (ver gráfico).

Ikea, otra de las grandes triunfadoras en la era de los productos baratos, también se quita de encima las críticas. Ha bajado sus precios un 2% anual en España. ¿Cómo consigue que sus muebles sean baratos? Por una retahíla de medidas, entre las que cita la búsqueda de materiales asequibles, buenos acuerdos con los proveedores y el ahorro del transporte. Y también porque produce su mobiliario en fábricas de países de bajos costes laborales, si bien, asegura, están sujetos a un código de conducta basado en la Declaración de Derechos Humanos de la ONU y los Derechos del Trabajo, cuyo cumplimiento comprueban mediante auditorías internas y externas.

Montalvo, que ha vivido durante años en Estados Unidos, está seguro de que el bajo coste no acaba con las compañías tradicionales, ni sirve de coartada para dejar de invertir en I+D: "En Estados Unidos hay ordenadores de 250 dólares (unos 176 euros), pero Intel sigue investigando para lanzar microchips cada vez más potentes. Lo que significa es más competencia. Convivirán los dos modelos".

viernes, 7 de agosto de 2009

Estructura de plantilla, 1: Desde la voz azul













Aznar y Putin se entendían bien; quizá no tanto como éste y Berlusconi, pero en todo caso, este tipo de simpatías reflejaban la faceta liberal del mandatario ruso




Ni los intelos de la izquierda ni los de la derecha, campos políticos empeñados en posicionarse rabiosa y ubicuamente unos contra los otros en todos y cada uno de los rincones de la actualidad española, terminan de aceptar El desequilibrio como orden. sin reparos. Esto quiere decir: sin proyectar, una vez más y como loritos, sus propios y tradicionales prejuicios, con cualquier excusa. El rotativo coruñés "La Voz de Galicia", Grupo Voz, ofrecía recientemente un ejemplo de ello en su reseña sobre el libro. Dado que sólo se editó en papel, se ofrece aquí la posibilidad de extender el comentario a internet, con lo cual, es de suponer, el autor sale ganando; y la promoción del libro, también:

"También se acaba la Posguerra Fría"

La Voz de Galicia, 25 de Julio, 2009

La idea central de este libro es que tres acontecimientos del 2008 en apariencia distantes (la guerra de Georgia, las Olimpiadas de Pekín y el seísmo financiero que resquebrajó la economía mundial) pusieron fin al período que se abrió en torno a 1990 con la implosión del sistema soviético y que el autor denomina “posguerra fría”. Estuvo marcado por la hegemonía de la única superpotencia vencedora en la confrontación bipolar y por el deseo, expresado por el presidente George Bush padre, de construir un nuevo orden mundial basado en el liderazgo y las conveniencias de EE. UU. Habría concluido con la disminución del poder relativo norteamericano, la quiebra del modelo económico neoliberal, la irrupción de nuevas potencias como China, Rusia, la India o Brasil y la expansión de fuerzas como el Islam, dispuestas a hacer valer su presencia y sus intereses.

El diagnóstico no es ciertamente original. Antes bien, puede encuadrarse en una corriente de pensamiento extendida que abanderan autores como Zakaria o Khanna y que da por sentado que el imperio de las barras y estrellas se precipita al invierno de la decadencia. La novedad es que da lugar a un recuento, desusado en la literatura española por su ambición omnicomprensiva, que constituye un primer paso para fijar históricamente los rasgos del período.

Cabe hacerle tres reproches. El primero es que contiene ciertos sesgos ideológicos que llevan al autor a realizar juicios de valor, por ejemplo en relación con los Balcanes o la trayectoria de Putin, que pertenecen al reino de lo opinable. El segundo atañe a la inmediatez. Lo empuja a fijar como definitivos o trascendentales hechos que forman parte de procesos todavía vivos o que han sido matizados por otros ocurridos con posterioridad a la redacción de la obra. El principal se refiere, sin embargo, a algunas simplificaciones económicas. Conducen a contradicciones, como descalificar la globalización y no tener en cuenta que el éxito de los nuevos actores mundiales guarda una estrecha relación con su capacidad para insertarse y especializarse en ella.

O están en el origen de descripciones muy esquemáticas sobre la recesión actual. Se limitan a reproducir los análisis de moda, que la atribuyen a una deficiente regulación, sin repararen otros que, además, la ven como resultado de desajustes macroeconómicos. Nada de ello oscurece que se trata de una visión de conjunto especialmente oportuna cuando se cumplen veinte años de la caída del Muro y se puede haber perdido la perspectiva de la posguerra fría que inauguró.

Leoncio González
















Berlusconi: "La Historia demostrará que Bush ha sido un grandísimo presidente", octubre de 2008

Existen varios tipos de críticas y reseñas, y en este blog se irán viendo algunos ejemplos de tal diversidad. La firmada por Leoncio González es de las compactas y breves, tanto que no se llega a intuir muy bien si el autor se leyó realmente el libro o, simplemente se limitó a elaborar un producto a medida del mensaje que el autor desea transmitir; y basta. Todo un estereotipo elaborado a base de recurrir a una plantilla que, extendida sobre el libro que sea, le facilita al crítico identificar los aspectos que se ajustan o no al dogma propio, ahorrándose enjundiosas lecturas.

La tesis central de la reseña coincide con la "idea central" que Leoncio González atribuye al libro: Veiga es uno más de esos que se meten con los norteamericanos; los hay a dar con un palo, y por ello, el libro no es nada del otro mundo. La verdad es que si El desequilibrio como orden hubiera quitado hierro al fenomenal batacazo final que se dió la administración Bush (precedido por otros desastres previos de gran calado en el terreno geoestratégico y económico); si hubiera lamentado la consiguiente derrota de McCain en las pasadas elecciones; si hubiera encontrado cabida en sus páginas la ya célebre frase laudatoria de despedida que "Il Cavaliere" le dedicó al presidente norteamericano saliente, en su último encuentro, pues sí: hubiera sido ciertamente un libro más audaz y original. Aunque quizá no tanto en el entorno de Manuel Fraga.

Pero no es ese el tipo de singularidad que perseguía el autor de El desequilibrio como orden. Lo que se buscaba, precisamente, era aquello que Leoncio González reconoce con justicia en la segunda parte de ese mismo párrafo: "Nada de ello oscurece que se trata de una visión de conjunto especialmente oportuna cuando se cumplen veinte años de la caída del Muro y se puede haber perdido la perspectiva de la posguerra fría que inauguró".

Pues ese es precisamente el pollo del arroz con pollo, como dicen los cubanos. En cambio, la idea de que el libro se encuadra en toda una línea teórica que pronostica la decadencia del Imperio USA, citando nada menos que al liberal Fareed Zakaria como uno de los abanderados de tales ideas, hacen temer que González escriba de oido, como hacen muchos periodistas. Y no se haya leído con atención ni a Veiga, ni a Zakaria ni posiblemente tampoco a Parag Khanna, cuyas argumentaciones con respecto al "Segundo Mundo" son bastante más complejas de lo que deja entrever el autor de la reseña que nos ocupa.

Sí que se cita en el libro, y en varias ocasiones, a Emmanuel Todd, autor maldito entre los nostálgicos que consideran que el alineamiento mundial no ha cambiado gran cosa desde 1991, y que lo ocurrido en 2008 es pecata minuta. Leoncio González no parece haber reparado la presencia de ese autor, que sí hubiera reforzado su aserto. Sin embargo, en El desequilibrio como orden, libro de historia, se pone énfasis en describir y analizar lo sucedido, no en pronosticar. Cualquier lector puede comprobar que la obra está íntegramente redactada en pretérito, y no por casualidad.

El futuro traerá lo que sea; pero el pasado, aunque reciente, no deja lugar a dudas sobre los reiterados errores cometidos por la superpotencia americana -y sus aliados occidentales- a lo largo de veinte años. Puede que "veinte años no sean nada" para Gardel, ya en la eternidad; pero son casi un cuarto de siglo en el que están claramente fijados los rasgos del periodo 1991-2008. Ciertamente, es posible que resucitan tendencias, que se vuelva a probar con esto o aquello y se llegue a algunas soluciones con viejas fórmulas. También cabe la opción de instalarse lo más comodamente posible en el sofá esperando que regresen los "tiempos más bonitos" del periodo cerrado en 2008. Ahí está la opción personal de cada uno. Pero lo cierto es que hoy por hoy, no existe politico que pueda prometer a la ciudadanía que se logrará nada que vaya más allá de capear la crisis; y aún eso resulta bastante increíble, incluso para Obama. Y es que en los veinte largo años de la Posguerra Fría han pasado muchas cosas, tempus fugit y ya es hora de despertar de "inmediateces" que crían lustros.

Leoncio González pasa por encima del desastre que fue África, un asunto ciertamente incómodo. Pero ahí están Somalia (estado fallido ¡desde 1992!), Ruanda, Zaire-Congo; por supuesto, ahí siguen los desastres de Irak, Afganistán y Pakistán sin resolver, y con ellos Asia Central y Medio Oriente continúan prendidos por alfileres. La misma Unión Europea arrostra muchas incertidumbres políticas, heredadas de una ampliación seguramente precipitada y por ello temeraria, en 2004; y en América Latina, el resultado de la evolución política en los pasados veinte años no parece responder mucho a lo que hubieran deseado ambos Bush, padre e hijo.

Hablamos de problemas serios que llevan a sus espaldas un mínimo de cinco, seis, quince, casi veinte años. Es evidente que una buena parte de ellos no están "solucionados" o no han concluido. Pero todos forman parte, todos, de un intento de reordenar el mundo a partir de un determinado planteamiento político, que fue el que se considera vencedor en la Guerra Fría. ¿A estás alturas, se puede seguir por esa linea sin contar con la nueva hornada de potencias emergentes, que ya van más allá de BRIC? Claro: es cierto que a lo largo del siglo XX nos hemos acostumbrado demasiado a cerrar épocas en base al final de guerras de verdad, con millones de muertos y enorme devastación. En 1991 no hubo tal; en 2008, tampoco.

Posiblemente, esta mentalidad conecta bien con la que se ha implantado en España desde hace tiempo. Aquí no se da nada por concluido, aquí nadie dimite, ni renuncia. Hace algunos años, un historiador húngaro me comentó, pesaroso: "Qué bien lo han hecho ustedes en su transición, con eso de pasar página. Nosotros nunca podremos hacer tal cosa". Y sin embargo, aquí ha terminado por ocurrir lo mismo. En la segunda mitad de los setenta, se encaraba la transición con moderna mentalidad de futuro. Pero pasó el tiempo, y al final resulta que para unos, la transición concluyó en 1982, para los otros en 1996; en realidad, a este paso, seremos el país de la eterna transición. Los unos no admiten haber perdido las elecciones, los otros juran que regresarán, cueste lo que cueste. La culpa de todo no es propia, es de la puñalada por la espalda, el complot. Cualquier cosa para no dar por cerrado el periodo que sea, a pesar de la que caiga: de un modelo de estado quizá obsoleto, de la ausencia de proyectos politicos coherentes, de una crisis que recomienda unidad de acción, y no el regreso al universo bufonesco que era la política española descrita por el gallego Valle Inclán.

Pasemos al tercer reproche de Leoncio González: va de esquematismo y contradicciones, referidos a la globalización. No podía ser menos: la crisis, aduce, tiene unas complejas causas en los desajustes macroeconómicos. Interesa resaltar eso de los desajustes, que siempre se pueden volver a ajustar: el sistema sigue incólume, sólo necesita un parcheado. Porque hemos de suponer que los desajustes macroeconómicos hacen referencia al sistema capitalista, no a la economía islamista o la ex soviética. Y, por supuesto, para el autor de la reseña, la desregulación es una explicación "a la moda" (¿intervencionista, socialista?) que al parecer, no debe tenerse muy en cuenta. A pesar de que voces como la de Stiglitz vinieran clamando desde hacía años por los riesgos que se corrían ante la primera globalización financiera real de toda la historia, que incluía la libre circulación de capitales urbi et orbe. En cualquier caso, es dudoso que muchos de los pequeños y grandes inversores que han perdido buena parte de su dinero, ahorradores que se han quedado a dos velas o ancianos cuyas jubilaciones andan por ahí, de rehenes de la situación financiera, se conformen con el plumazo del señor Leoncio González (esquelética de tan esquemática) sobre los desajsutes macroglobales

Y claro está que la crisis económica actual resulta difícil de explicar, como todas las anteriores, incluyendo el referente de la Gran Depresión. En ese contexto, un relato ordenado, simple y claro, tiene mucha mayor utilidad para el lector común -que es el que paga la crisis, no lo olvidemos- que embarullamientos seudotécnicos cuyo objetivo es, muchas veces, muy sencillito: disculpar al sistema. Si no fuera así, cuesta comprender el éxito arrollador de
Leopoldo Abadía y su esquemática pero eficaz explicación de la "crisis Ninja". En realidad, lo que buscan los expertos desde hace meses son, precisamente, las fórmulas genialmente sencillas para encontrar una salida a la actual situación económica. A no ser que sean de esos ultraliberales que, a imagen y semejanza de sus abuelos en 1930, proclaman aquello de que "la solución está a la vuelta de la esquina" y sólo cabe sentarse a esperar que llegue la autorregulación mecánica.

En relación a la supuesta contradicción de que los emergentes BRIC deban su éxito al proceso de globalización, lo cual haría injusta cualquier descalificación del modelo neoliberal dominante (hay otros), tiene una fácil respuesta. ¿Acaso Brasil, Rusia, China e India están abogando por solucuiones a la crisis que continúen con la dinámica de globalización neoliberal que era la hegemónica hasta 2008? Por supuesto que todos ellos se insertaron con mayor o menor éxito en la globalización. Pero Rusia había renunciado a las recetas neoliberales ya en 1998; China ni siquiera tiene un régimen liberal democrático; en Brasil, Lula Da Silva no es tampoco un émulo de Bush. La India, hasta cierto punto, es la excepción que confirma la regla. Pero aparte de la heterogeneidad de sus regímenes políticos y sistemas económicos -no siempre acordes con los modelos occidentales- los BRIC tienen en común una cosa: su despegue se produjo en paralelo al gradual agostamiento de la globalización neoliberal. Y ahora, qué paradójico, las potencias occidentales esperan de ellas que sean factor decisivo en la recuperación de la crisis. Una situación que parece muy distante de la que se consideraba desde el triunfante Occdiente en 1990.

Para concluir, más de lo mismo: el periodista se refiere a "ciertos sesgos ideológicos que llevan al autor a realizar juicios de valor, por ejemplo en relación con los Balcanes o la trayectoria de Putin, que pertenecen al reino de lo opinable". En sentido estricto, esto no pasa de ser una tautología, y como tal, es desdeñable a efectos de crítica. Entendámonos: descalificar varios capítulos del libro, precisamente los más documentados y fruto de la experiencia del autor, incluyéndolos en el "reino de lo opinable" no pasa de ser, en sí misma, una opinión; pero muchísimo más sintética. Tanto, que pertenece al municipio de lo opinable. La referencia a los "sesgos ideológicos", no se entiende muy bien, aunque desde la voz azul podría hacer referencia a pretendidas implicaciones del autor de El desequilibrio como orden con el oro de Moscú o mitos por el estilo. ¿Se trata de una broma? En cualquier caso, suele decirse que la memoria periodística es la de un niño de cinco año; en este país, quizá menos. ¿Es que ya nadie recuerda la amistad y hasta complicidad que unía a Putin con Aznar? Fue por entonces cuando se privatizó REPSOL, adquiriendola mayoría de acciones de la argentina YPF y convirtiéndose en multinacional. Si, es misma REPSOL que, hace pocos meses, los mismos populares declararon de interés estratégico nacional cuando la rusa LUKoil pretendió adquirir
el 30% de sus acciones. Eso sí que es una contradicción; y de las buenas